Comunicación

El rechazo a los insectos en alimentación, una cuestión emocional y cultural

23 octubre 2018

El rechazo al consumo de insectos para la alimentación humana no es debido al sabor, sino a una cuestión emocional y cultural. Esta es la conclusión a la que han llegado los participantes de un experimento pionero mediante cata a ciegas de alimentos preparados con insectos y monitorizado con herramientas neurocientíficas, en el que han intervenido entidades del sector agroalimentario que participan en los proyectos de innovación GO_INSECT y ECIPA.

CARTIF forma parte del primero de ellos, cuyo objetivo es investigar las posibilidades de los insectos como fuente de proteína alternativa y sostenible para la alimentación, actuando como biodigestores de desperdicios y subproductos agroalimentarios, e identificar los requisitos necesarios que aseguren la viabilidad técnico-económica de proyectos relacionados con la cría industrial de insectos. Esta sesión de cata monitorizada se encuadra dentro de las actividades de diseminación de este proyecto, y fue realizada por la empresa Bitbrain, de referencia internacional en neurociencia aplicada y neurotecnología.

El experimento

Las 28 personas que participaron en la experiencia de cata a ciegas probaron cuatro platos diferentes que contenían insectos en su composición (dos aperitivos, una pasta y un postre) así como un quinto sin insectos, que sirvió de base de comparación, mientras se registraba su actividad electrodérmica. En tres de los platos cocinados con insectos, éstos se incluían procesados y, por tanto, no se apreciaban a simple vista. En el cuarto, los insectos eran fácilmente identificables.

Gracias a la tecnología de Bitbrain, se midieron las diferentes respuestas sensoriales de los participantes ante cada una de las opciones a probar, tanto al visualizarlas como al comerlas.  La respuesta emocional no consciente a los tres platos que contenían insectos en su composición de forma no visible entraba dentro de los parámetros normales, similar al impacto que produjo el control. Por tanto, los insectos no influyen negativamente en el sabor ni se detectan a nivel fisiológico.

Por otro lado, el impacto emocional del plato en el que los participantes degustaron el insecto entero (pequeñas larvas secas de Tenebrio molitor o gusano de la harina), fue más alto que en el resto, y mayor durante la visualización del producto que durante la ingesta. Por tanto, lo que produce impacto es el conocimiento de que se va a comer un insecto, y no el consumo en sí. Los participantes, tras conocer que los productos que habían probado contenían insectos, manifestaron que no tendrían problemas en volver a comerlos por segunda vez. Sólo uno de ellos manifestó en la encuesta que no compraría productos animales que hubieran sido alimentados con insectos.

En este experimento participaron representantes del Instituto de Investigación Agroalimentaria, IA2, de la Universidad de Zaragoza, la empresa Insectopia2050, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, el Centro Tecnológico CARTIF y el Centro Tecnológico AITIIP y La Federación Aragonesa de Cooperativas Agrarias.

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