Comunicación

Cartif colaborará en la reparación del reloj de la Universidad de Valladolid

05 abril 2011
El reloj en su ubicación original El reloj en su ubicación original

Las reparaciones que necesita se realizarán en las instalaciones de Cartif.

Durante los próximos dos años, el reloj histórico de la Universidad de Valladolid será restaurado en Boecillo. El personal y las instalaciones de Cartif estarán a disposición del profesor de Ingeniería de Sistemas y Automática, Ramiro Merino, que será el encargado de dirigir las reformas. Tras el análisis preliminar, parece que a la maquinaria le faltan dos piezas: un piñón de montado de pesas y una corona dentada de transmisión de movimiento de sombrería, que habrá que reconstruir. Posteriormente, y si no surgen otros imprevistos, se realizará un proceso de decapado queímico para limpiar y tratar las superficies con el fin de protegerlo de la oxidación. La parte final del ajuste incluirá la automatización del mecanismo. El objetivo es que, tras un cuidadoso arreglo, la maquinaria funcione como fue concebida, sin lesionar elementos antiguos.

El reloj, fabricado en Morez (Francia), estuvo en funcionamiento más de un siglo, en concreto 111 años, y después se estropeó. Desde 1859 hasta 1970 estuvo ubicado en la torre situada entre la calle Librería y la plaza de la Universidad, pero tras fallar, fue desmontado y llevado a un almacén de la UVA. Unas reformas en el edificio de la Universidad donde se hospedaba le apartaron al cobijo de un tejado, del que sólo salió en 1996 para lucir en el Palacio de Pimentel como reliquia, con motivo del cuarto centenario del nacimiento de la ciudad.

Aunque aún no se ha decidido cuál será su nueva morada, la Universidad de Valladolid cree que el museo de la institución, en el Palacio de Santa Cruz, será un buen sitio para que el público pueda contemplar el tosco reloj, según confirmó el vicerrector de Investigación y Política Científica, José Manuel López.

Antes, deberá pasar dos años en manos de los especialistas que se encargarán de su acondicionamiento. La Fundación Cartif se hará carga del coste de las piezas, mientras que el profesor Merino trabajará de manera desinteresada.

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